Bogotá crece en Movimiento… 

… de Sembradores de Paz…

Hace ya unos meses que los grupos de Sembradores de Paz en Bogotá empezaron su proceso de conformación y formación.  Inicialmente fueron muchas las organizaciones que animan y apoyan a niños y niñas las que estuvieron en sintonía con esta propuesta; pero de muchas invitadas sólo algunas se comprometieron con el camino de la alegría, el entusiasmo y el compromiso que implica el ser parte del Movimiento de Niños y Niñas Sembradores de Paz.

Es así como se consolidan, hasta hoy, tres grandes grupos geográficos que conforman el Movimiento como un espacio de heterogeneidad de instituciones y personas que desde su quehacer diario y comprometido, aportan a la construcción de una cultura de paz con la infancia y visibilizan la defensa de los derechos de niños y niñas en la ciudad capital. 

Estos territorios se han podido consolidar gracias a que en las Zonas Pastorales Episcopales en las que se ha proyectado la acción, se ha logrado articular de manera positiva y proactiva a las organizaciones que pertenecen a las redes del Banco Arquidiocesano de Alimentos de cada Zona Pastoral.  Esa así como en San José con la Red Luz y Esperanza y en Inmaculada Concepción con la Red Semillas de Amor, es que se unifica tanto convocatorias como mini lanzamientos de Sembradores de Paz.  En Soacha, es gracias a la Red Vida que se logra estas mismas actividades.

TERRITORIO

Los territorios desde los que se están animando y acompañando al Movimiento de Sembradores de Paz son:  

Núcleo Pastoral 1: (Zona Pastoral Episcopal San José) que está conformado por barrios de las localidades de Usme, San Cristóbal, Rafael Uribe Uribe y Antonio Nariño.  También cubre las diez parroquias del oriente de Cundinamarca en su parte rural.  En este proceso ya se inició la formación y de la convocatoria se cuenta con organizaciones sociales, Juntas de Acción Comunal, comedores comunitarios, fundaciones que trabajan con niños y niñas e iglesias y parroquias.  

Núcleo Pastoral 2: (Zona Pastoral Episcopal de Inmaculada Concepción), que está conformado por barrios de las localidades de Santa Fe, Mártires, Teusaquillo, Puente Aranda y Candelaria.  Esta zona limita al oriente con los cerros de Monserrate y Guadalupe, al occidente con la avenida 68, al Sur con las calles primera y 16 sur y al Norte con las calles 26, 42, 47 y la Ciudad Universitaria.  

En este proceso se resalta el trabajo de animación y acompañamiento de la Organización Reingeniería de Corazones, que tiene su acción en el centro de Bogotá y que anima, y fomenta buenas prácticas en 40 niñas y niños de los barrios Laches, La Peña, Santa Fe, entre otros, quienes ya se vincularon al Movimiento

Este grupo de animadores del núcleo está conformado por representantes de:

  • Asociación Construyamos Corazones

  • Centro de apoyo para la Mujer

  • Reingeniería de Corazones

  • Asambleas de Dios

  • Centros Socio Sanitarios

  • Asociación El Consuelo

  • Nueva Vida para Mujeres

  • Fundación Integral Colombia Viva

Núcleo 3: Soacha (Diócesis de Soacha y otras organizaciones) La propuesta en Soacha ha venido articulando a las redes de los Bancos de Alimentos, que en el caso de Soacha es la Red Vida. 

Hoy se cuenta con 30 animadores y animadoras en proceso de formación y la vinculación de  organizaciones como la Corporación Dios es Amor, la Fundación Teniente Hans, los Centros Socio Sanitarios de la Clínica San Rafael, el Comedor comunitario de los Salecianos en el barrio Bosa y la Fundación Gimnasio Los Sauces, en este mismo sector.

MUJERES QUE SIEMBRAN

No es Nuestra Señora de la Peña, que está bajo el cerro de Guadalupe, pero son consideradas como unas almas de Dios, tampoco es la única Sagrada Familia tallada en piedra del mundo con más de 400 kilos de peso que se encuentra en la Iglesia de La Peña en el barrio los Laches, son de carne y hueso, hacen de papá y mamá de muchos niños en el Barrio el Consuelo a unas cuantas cuadras del CAI de los Laches o al CAI del barrio el Dorado en la parte alta de la localidad de Santa Fe, en el suroriente de Bogotá.

Entre la mezcla de espontaneidad de su aparición, trazas urbanas irregulares, una arquitectura proyectada por los accidentes geográficos del cerro, donde las casas parecen escalinatas con laberintos de escaleras tal vez reducidos a dos metros de ancho de asfalto y de piedra desproporcionadas, en la placa 1-c 22 suspendida sobre una pared verde sobre la carrera 10 este, allí de lunes a viernes “Normita” abre su casa para las risas, los gritos, el juego, el fuego de su cocina para brindar alimento al mediodía y los cuadernos que vienen cargados con muchas lecciones a desarrollar, tanto “que a veces no se van y hay que echarlos” lo expresa con una sonrisa moderada Norma Barragán que en conjunto con cinco mujeres más, Ana, Nubia, Mary, María y Niní conforman la Asociación el Consuelo.

Norma inició con esto a partir de su formación como catequista por cerca de diez años y de ayudar en la biblioteca de la comunidad de las Carmelitas en su barrio. Ana, su hermana, se unió a ella después de quedar en embarazo como la manera de cuidar de su hija, los mismos motivos de Norma con sus hijos que ahora son parte de la primera promoción, como lo mencionan ellas “son los que le ayudan a los más pequeños hacer sus tareas”. Estas dos mujeres son quienes permanecen constantemente con los niños, las otras desde sus quehaceres aportan económicamente para el sostenimiento del lugar, “se la rebuscan” así como la historia de un niño de la Asociación: “Roberto que tenía una gran complejidad, era calvo, tenía un mal gusto para vestirse. Se ganó la lotería al conocer a una linda mujer que no se burlaba de su calvicie, comenzó a vestirse bien, se casarón y tuvieron un hijo calvo”, historia con la cual Norma hacía irrupción en la narrativa de la génesis de su trabajo que a su misma vez lo era, mientras ello los niños se estaban haciendo en siluetas con colores de carnaval y escribían su historia de vida, la misma que había comenzado en el salón comunal un día Norma “pero cada rato nos mandaban para la asamblea y en cada asamblea los abuelitos en contra nuestra, nos sacaban ¡y así! Hacíamos siempre un campeonato y el señor de la junta  le dio por no prestar más la cancha, así que decidimos como fuera en mi casa disponer un espacio para los niños”.

Los jueves su sala comedor desaparece para convertirse en una aula de danzas, la azotea en dos salones, “¡yo no sabía que las tejas eran cancha!” gritaba Normita al estruendoso crujir del desliz de un balón que quería convertirse en gol, simultáneamente un tablero verde de tiza con los trazos de una resta dispuesta hacer desaparecida por la mano de un niño y que podrá realizar dicha acción, siempre y cuando desarrolle a operación, a Gilberto que desista de malgastar tanto colbón y Jeisson deje el algebra donde la había encontrado.

“Esto es de familia, mi mamá es modista, cuando hacemos el Carnaval de la Alegría, mi mamá hace los trajes, nos ha vestido como en diez años que llevamos en Carnaval. Mi papá…”¡que se daño una teja!”, él viene y la arregla, él mismo que sostiene que con su labor “no se gana plata” y es así por ejemplo, cocinan para 40 niños y cada uno paga mil pesos “el almuerzo para nosotros tiene otro significado, cada niño come y lava su loza, organizan la mesa, se llevan  a mercar, porque creemos que a partir de la comida se construye. Y eso fue uno de los inconvenientes con el Bienestar Familiar que hace dos años ellos nos ayudaban para el mercado, molestaban porque a los niños no se les puede poner hacer eso, además nos pedían una cocina enchapada y aparate de la nuestra, hicimos el esfuerzo pero con ellos no se pudo” Se sostienen de un proyecto que se ganaron hace un año donde se agotan los recursos y están buscando alternativas para seguir su labor.

Norma es licenciada en pedagogía infantil y Ana está terminando su licenciatura en literatura, “aquí todos los días se lee y nos gusta mucho la calle ¡porque en este espacio tan chiquitico…! Salimos a la piscina de allí abajito a nosotros nos cuesta la entrada mil pesos, es muy buena y con agüita caliente, si no vamos a la Gilberto Álzate… así” y de salida en salida se iban a escapar unos: “¿ya terminaron la tarea? “Ya terminamos, afirmaron dos niñas, pero normita con sospecha, “¡yo quiero ver mis amores!” efectivamente su intento se futraba.

La mamá de muchas personitas que no sabe cuando sucedió porque sólo ha parido dos, consiente, abraza, recuerda los deberes, se despide de ellos cuando el sol comenzó ocultarse detrás del edificio Colpatria y los puntitos de estructuras que se divisan desde la casa de Normita, quien espera que a partir de las seis de la tarde cese la algarabía que continuara al siguiente día a las siete de la mañana. Se acerca Esteban con sus cachetes blancos de vainilla y se funden con los de color caramelo de Norma, ella dice, ¡adiós mi sueño!, el chiquitín sale corriendo. Por esos sueños se unen al Movimiento de Niños y Niñas Sembradores de Paz- Bogotá.  

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